COMO FUNCIONA LA TERAPIA REGRESIVA

Cuando una persona consulta a un terapeuta lo hace con el ánimo de resolver el dolor o el conflicto emocional que la aqueja. Este es su objetivo primario, pero en la búsqueda de la sanación esa persona que consulta tiene la gran oportunidad de encontrarse consigo misma y con su esencia inmortal. En un nivel más sutil el dolor es la excusa para el encuentro consciente con el alma.
Ahora bien, el primer paso en el trabajo terapéutico es sanar el dolor. Sanar es traer la luz a la vida y al alma de una persona. Sanar es hacer feliz y una persona feliz y consciente de su esencia cósmica desea lo mejor para sí misma y para los demás. En el dolor no se puede crecer ni perdonar y la Energía Universal necesita de almas sanas, amorosas y luminosas para realizar el plan evolutivo. Aunque nosotros no lo veamos hay un plan y para que ese plan se lleve a cabo, el hombre debe salir de la ignorancia y de la noche oscura del alma para recuperar su conciencia divina. Cuando hay dolores y cargas kármicas pendientes de resolución es muy difícil reconocer esa esencia divina en cada uno de nuestros semejantes. Se evoluciona muy lentamente y hoy los tiempos se han acelerado. Ya no queda tiempo.
El trabajo con la Terapia regresiva es de fundamental importancia en este momento porque con la terapia de vidas pasadas no sólo estamos trabajando con el dolor del alma sino que también estamos provocando una aceleración y una transmutación del karma. Cada vez que una persona se hace responsable de sus acciones pasadas y deja de culpar a los demás por los eventos que le suceden, termina con su karma. El karma no es eterno, el karma es modificable. La persona que toma contacto con la raíz kármica de su dolor nace a una nueva conciencia y, al aceptar su responsabilidad en los hechos que le tocan vivir hoy, se libera de la fuerza del karma y comienza a ser dueña de sí misma y de su destino.
Hoy ya no basta con sanar el dolor y las emociones que perturban la vida de una persona. Ya no alcanza con resolver la fobia, el miedo o la angustia. El paciente tiene que alcanzar otra conciencia de sí mismo. Resuelto el dolor la persona tiene que hacerse responsable de su acción original, tomar en sus manos el poder sobre su propio destino y despertar finalmente a la conciencia de sí misma. El cambio en la conciencia de una persona provoca cambios instantáneos en su entorno cotidiano. En primer lugar en su familia e inmediatamente en el entorno en el cual se desarrolla su vida. Tiene así un efecto multiplicador. Se trata de un trabajo de hormiga, lento, pero seguro.
Es obvio que cada persona llegará hasta donde puede y hasta donde quiere llegar. Pero si como terapeuta yo estoy consciente de las posibilidades trascendentes de la Terapia Regresiva, el despertar de la conciencia sobrevendrá como un resultado natural del trabajo interior.
¿como se desarrollan las sesiones?
1) Atender el motivo de consulta
El consultante viene con un objetivo inicial que es su preocupación inmediata. Sanar su dolor ya sea que se trate de una fobia, miedo, angustia, etc.. Debo tener presente en todo momento que yo no soy el sanador, es el paciente que va a través de su dolor y sale curado. Si el paciente hace lo que tiene que hacer, obtendrá el alivio que está procurando. Muchas veces, el trabajo terapéutico termina aquí.
2) Sanar las secuelas emocionales del karma
Dijimos que el trabajo con la Terapia Regresiva acelera el procesamiento del karma. Sin embargo, esto no significa que nuestro padecer actual sea obligadamente de origen kármico. Muchas personas creen que los problemas, conflictos o enfermedades severas que padecen son un castigo o una deuda kármica que tienen que saldar o expiar. Incluso hay quienes están convencidos de que siendo su padecer de origen kármico deben sobrellevarlo estoicamente y que no debe hacerse nada para cambiar esa situación. En teoría esto puede parecer así pero la práctica clínica cotidiana señala claramente que los síntomas que presenta una persona se originan en forma abrumadora en dos circunstancias claves:
a) La experiencia responsable de los síntomas es aquella en la cual la persona terminó con su karma. Por ejemplo, imaginemos una persona que en una vida pasada fue responsable de degollar a gente inocente y, que a su turno, fue ahorcada en una vida subsiguiente. En la muerte en la horca esa persona terminó con su karma, pero allí se originaron los ahogos y la sensación de indefensión que la perturban en la vida actual. En este caso los síntomas actuales se originaron como consecuencia de la experiencia traumática en la cual la persona en cuestión terminó con su karma. A esto yo lo denomino la secuela emocional del karma.
b) Los síntomas actuales se originan en una experiencia terrible de victimización que a su vez es el último eslabón en una larga serie de existencias como víctima. Un claro ejemplo de esto podría ser la muerte en un campo de concentración, pero si seguimos explorando en vidas más anteriores podríamos encontrar que, antes del campo de concentración, la persona fue torturada en la Edad Media y, antes de esto, fue martirizada en el coliseo romano. Volveremos sobre este concepto un poco más adelante. También en este caso, los síntomas que presenta la persona no son kármicos, son la consecuencia emocional de las distintas experiencias como víctima.
Ambas situaciones nos obligan a buscar inevitablemente el verdadero origen donde comenzó todo, la acción original. Esto nos lleva al siguiente punto.
3) Aceptar la responsabilidad en la acción original
Si yo trabajo en forma consecuente y el paciente lo permite, tarde o temprano encontraré la experiencia en el cual la persona fue responsable de la acción original. Esa es la vida en la cual se puso en movimiento la fuerza del karma. Aceptar la responsabilidad en la acción original es tremendamente sanador y liberador. Significa que la persona asuma su responsabilidad por el sufrimiento ocasionado a sus semejantes, pida perdón a todos los seres involucrados en la experiencia y, lo que puede llegar a ser lo más difícil de todo, que se perdone a sí misma. Esto nos conduce al próximo paso.
4) Terminar con el rol de víctima
El rol de víctima es el que ocasiona mayor sufrimiento tanto para la persona que consulta como para quienes la rodean. La víctima sufre y hace sufrir a los demás. Es una de las situaciones más difíciles de trabajar. No todas las personas están dispuestas a terminar con este rol. No saben cómo no ser víctimas. No saben cómo asumir la responsabilidad de su vida. Y hay un detalle muy importante que un terapeuta debe tener en cuenta: no se puede sanar una persona que se complace en sufrir su enfermedad.
Cuando nos encontramos con este patrón de comportamiento en el trabajo con la regresión veremos que son muchas las vidas en las cuales se ha sido víctima. El trabajo aquí consiste no sólo en terminar con el dolor originado en las experiencias como víctima, sino identificar cuál es el origen de la victimización. En qué momento la persona decidió ser víctima. Invariablemente nos encontraremos con una vida en la cual la víctima actual era el victimizador. La acción original pudo ser tan terrible que al terminar esa vida la misma persona se condenó. Es frecuente que en casos así el victimizador-víctima haya dicho algo por el estilo: "No hay perdón de Dios para mí" o "Ningún sufrimiento será suficiente para pagar todo lo que hice" o "Soy culpable para toda la eternidad". Atención con esto, porque si en la acción original nos encontramos con estos mandatos, cabe entonces una pregunta inevitable: las existencias subsiguientes signadas por el sufrimiento, ¿son realmente kármicas o simplemente se originan en los propios mandatos? ¡Cuántos conceptos tradicionales que todavía tenemos que revisar!
Ningún rol de víctima puede ser agotado hasta que no se encuentre el mandato o el decreto que lo originó. No basta con trabajar todas las experiencias de víctima. Estas pueden ser innumerables y se engendran unas a otras. Es necesario llegar a la raíz y eso significa enfrentar el hecho original por terrible que sea y cortar de cuajo con todos los mandatos que pudieran estar registrados en el subconsciente porque son estos mandatos los que originan a su vez todas las experiencias subsiguientes de dolor y sufrimiento como víctima y que llevan a la persona a encontrarse repetidamente en situaciones donde es sometida y abusada.
5) Trabajar los vínculos kármicos
Todo conflicto de relación implica que hay un hecho kármico a resolver y sanar los conflictos vinculares es una forma de acelerar el karma y mejorar la calidad de nuestra vida cotidiana. Esto va más allá de los vínculos familiares; incluye a toda clase de vínculos, afectivos, sociales, laborales, circunstanciales, etc. Hay parejas que no llegan a la plenitud porque hay una desconfianza oculta originada en una traición de una vida anterior. Hay amistades que no prosperan porque la sombra de una acción pasada se proyecta en el presente. Sanar el encono con un superior en el lugar de trabajo puede significar un ascenso o un aumento de sueldo. Alcanzar el perdón entre seres enemistados o que se odian, los librará de tener que volver a emplear una vida para resolver ese conflicto. Hay seres que vienen arrastrando estos conflictos de muchas vidas y aún hoy no pueden perdonarse. Si no se perdonan, volverán a encontrarse en una situación conflictiva en la próxima vida. Perdonarse hoy, amarse hoy, es liberarse del karma.
6) Terminar con los pactos del pasado
Por sorprendente que parezca casi todos tenemos pactos de otras vidas que nos roban nuestra energía y nos detienen ú obstaculizan en nuestro accionar en la vida.
¿Qué es un pacto? Es un acuerdo con otra fuerza en el cual entregamos nuestra voluntad a cambio de algo. El pacto puede ser con una persona o con una sociedad, con una tribu, una secta, una hermandad, un ritual, un clan familiar, un amante, etc. Hay pactos con la oscuridad o simplemente con una pandilla de forajidos. En cualquier caso un pacto significa que le hemos entregado nuestro poder y nuestra voluntad a otra persona o a una fuerza desconocida. Si no identificamos y rompemos ese pacto nunca estaremos realmente completos con toda nuestra energía a nuestra disposición.
7) Recuperar el poder personal
Es la consecuencia de todo el trabajo anterior. A medida que nos desligamos de los traumas, emociones, mandatos y pactos de otras vidas vamos recuperando nuestro poder personal. Recuperar nuestro poder personal significa estar en control de nuestra energía y de nuestras acciones y manejar entonces nuestro destino libres de la influencia del pasado. A partir de aquí, el truco es no volver a iniciar un karma que nos limite en el futuro.
8) Volver a nacer
Es realmente importante trabajar la experiencia del nacimiento. Este es el momento donde se reviven por analogía los componentes traumáticos de muertes anteriores y se refuerza la programación subconsciente del pasado. Muchas veces el nacimiento parece la continuidad o la reiteración de una muerte traumática anterior. Piensen como ejemplo en las siguientes combinaciones:
muerte en la horca - nacimiento con cordón umbilical enroscado alrededor del cuello
muerte con instrumentos de tortura - nacimiento con fórceps
muerte por asfixia en el túnel de una mina - atascamiento en el canal del parto
muerte en una cámara de gas - nacimiento con anestesia de la madre con cloroformo
Todo lo que se intentó hacer para sobrevivir o lo que se debería haber hecho para sobrevivir en cada muerte anterior se pone en marcha en el momento del nacimiento. Así es como se activan los mecanismos de supervivencia que luego regirán las pautas de comportamiento en la vida adulta. Lo que hicimos para sobrevivir en el momento del nacimiento será la forma como reaccionaremos en las circunstancias críticas de nuestra vida.
